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sábado, 1 de octubre de 2016

Cosas que no hacer en Madrid: estudiar (matemáticas) en la UCM

Primer año en Madrid. Duro, intenso, pero Madrid es una ciudad que gusta. No es Córdoba, no es mi Córdoba, pero no puedo negar que Madrid tiene su encanto. Sus barrios más turísticos, su Gran Vía, su Latina, su Malasaña, su Retiro...


¿Qué hay para hacer en Madrid? Cantidad de cosas. No voy a aburriros con lo que páginas webs especializadas os pueden dar detalles de planes para dar y regalar. Pero sí os quería recomendar qué no debéis hacer: estudiar en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.


Planteé estudiar un máster que me permitiera entrar en un doctorado, pero al mismo tiempo que me abriera puertas de cara al mundo profesional (principalmente, consultoría). Vi varios másteres de matemáticas aplicadas, pero casi todos los que ofertaban prácticas con empresas eran de 90 créditos ECTS (año y medio). Habiendo estudiado 4 años Física, me parece un poco engañoso entrar en un máster de más de 1 año. Los demás universitarios europeos, entre Grado y Máster, estudian 300 créditos ECTS (5 años).


Hubo uno, en la Universidad Complutense, que sí que era de un año: Máster en Ingeniería Matemática. Con asignaturas similar a los másteres que había visto, con 60 créditos y con posibilidad de hacer un doctorado. Fueron motivos más que suficientes por decantarme por la Complutense. Craso error, sin duda.


Yo me he sentido engañado la mayor parte del año.  El principal problema es el número de créditos de prácticas en empresa, obligatorios. Te obligan a estar 3 créditos ECTS en una empresa, que equivale (según dicen ellos) a 1 mes y medio de trabajo, 5h al día. Pero resulta que ninguna empresa te contrata en régimen de beca (ni en ningún otro régimen) menos de 6 meses... Lo que implica que, necesariamente, echas más horas en el máster del que te van a reconocer sobre el papel. Durante bastante tiempo, estás trabajando 5h por la mañana, 4h por la tarde en clase. Y si los profesores todavía entendiesen que estás trabajando, bien, pero son profesores chapados a la antigua: yo vengo aquí, te doy la clase, y te mando trabajos que tienes que hacer. ¿Cuándo? Pues entre las noches y los fines de semana.

Y esas practicas en empresa, aunque buscan algunas ofertas, tienes que hacer tú las entrevistas, y que te quieran coger. Luego, sí, se puede dar el caso de que ninguna empresa te coja, y no tengas maneras de cumplir esos créditos. A una compañera le pasó que estuvo varios meses intentando que la cogieran. Aunque finalmente sí la cogieron, empezó las prácticas más tarde de lo que quería, y tuvo que quedarse el verano en Madrid trabajando.


No he pasado pocas semanas durmiendo cada semana de media 5h al día y 6-7 los fines de semana. Es por eso, y no por otra cosa, por lo que soy una de las 2 personas (de en torno a 20 alumnos) que terminó el máster en un año. Cuatro más lo van a terminar en septiembre, y el resto para el año que viene, porque el ritmo de trabajo es mucho más de lo que avisan en la página web. Lo que aparece en la página web es un engaño. Por cierto, que los créditos asignados al TFM son 3 también... Evidentemente, un TFM no dura 3 ECTS, sino mucho más (en mi grado de Física en la Universidad de Córdoba fueron 6 créditos, y me parecieron pocos). Luego, realmente estás trabajando mucho más de lo que en ese tiempo puedes trabajar (si durmieras e hicieras vida de manera normal).


No me considero alguien especialmente listo, y en el máster he conocido a gente bastante más hábil e inteligente que yo. Simplemente he terminado en un año porque he sacrificado dormir y vida social. Y lo he hecho, también, gracias a que nunca he tomado café, y tomando de 2 a 4 al día, pues consigues seguir adelante. No era el único con ese ritmo, como no he sido el único que ha salido con tics del estrés. Recuerdo una chica que pidió en su empresa un día no venir para ir al dentista, porque llevaba con la muela del juicio un mes o así doliéndole mucho, y se la iban a sacar. Al día siguiente se llegó a trabajar, porque no le habían sacado la muela. El dentista le dijo que el dolor en la mandíbula no era de que le estaba saliendo la muela, sino de rechinar los dientes todas las noches. También conozco otra chica que, como a mí, durante el trabajo a veces le daban tics en la cara. Así estamos unos cuantos más.


No ayuda tampoco a tomarse en serio el Máster la desfachatez del profesorado, y el trato con los alumnos, que es insultante. Recuerdo estar en clase, y le preguntamos al director del máster, que si iba a ser la carga de trabajo tan grande, por qué no lo avisaban, por lo menos para coger las prácticas en verano, y estar el verano trabajando, mejor que durante el curso. Y el director del máster, completamente tranquilo, dijo que sí, que eso es lo más razonable, que el máster está pensado para un año y medio, pero que, bueno, lo han puesto de un año por si la gente se lo quiere sacar en un año. Textualmente. Es decir, que el propio director del máster sabe que es un engaño como está planteado, que no se puede acabar en el tiempo que han elegido, que no aparece esta información en la página web en ningún sitio, y que da pie a que, si estás eligiendo entre un máster de 90 créditos y otro de 60 que se llama exactamente igual, pues habrá gente (como yo) que opine que el de 60 es mejor porque es más corto.


De las veces que más humillado me he sentido, fue con el concurso del Santander para el que participé, con un grupo de alumnos y un profesor de la universidad. Resulta que, gracias a una práctica de este profesor, nos presentamos a un concurso internacional de Santander de Estadística. El concurso tenía dos fases. La primera consistía en predecir, gracias a una tabla de datos históricos de clientes, qué clientes iban a darse de baja. Quedamos primeros a nivel nacional y segundos a nivel internacional. En la segunda fase había que predecir si los clientes estaban poco satisfechos, satisfechos o muy satisfechos con el banco, basándonos en lo que otros clientes habían contestado en encuestas. Pues el grupo con el que estaba nos planteamos si seguíamos o no en la segunda fase, porque en la universidad nos iban a dejar descanso, ni mandar menos tareas ni nada de nada, y ya íbamos hasta el cuello.





Pues, aun así, fuimos. Y representando a la universidad complutense, aunque no nos ayudaba en nada. Tanto fue así, que enviados los resultados de la segunda fase, Santander nos invitó a todos los equipos a estar en un hotel en Madrid, y a ir a Ciudad Financiera (un complejo que Santander tiene en Boadilla del Monte) a exponer a ejecutivos nuestro trabajo, y comer con ellos, un lunes y martes. Pedimos en el trabajo esos días, y no hubo ningún problema  (a cambio, sí querían que le explicaramos un poco la metodología a ellos, por si podían aplicarla).


En la universidad nos avisaron que algunos profesores nos lo contarían como falta. Recuerdo perfectamente un profesor que nos mandaba todas las semanas un trabajo, y el miércoles ese pedía el trabajo semanal. Pues, cuando le avisé que no íbamos a estar esos días, que si podíamos entregarle el trabajo más tarde, nos dijo que, bueno, que representar a la universidad y tal estaba muy bien, pero que sus trabajos había que hacerlos sí o sí. Ese profesor, en otra ocasión, también se puso a humillar a una chica en clase, sacando correos que habían mantenido con ella, sobre la puntuación de un trabajo (le había puesto un 0 porque se confundió al copiar el enunciado, y los resultados evidentemente no eran los mismos). La cuestión está en que no se conectó a internet para enseñar estos correos: ya los tenía guardado en su disco duro. Es decir, que ese día, iba con la idea de poner en ridículo a esta chica.



Así que, cuando estábamos con los otros compañeros del concurso de otros países, nos comentaban que en su máster le habían dejado una semana libre de clases y trabajos, pues me sentí engañado por la Complutense. Y se me quedó cara de tonto cuando, exponiendo el equipo que al final ganó (por un 0.03% de acierto), explicaron que usaron toda la muestra de datos, usando en los servidores de la universidad... A nosotros, la complutense, ni las gracias. Es más, en la página web del Master de Ingeniería Matemática se puede ver "alumnos de la promoción 2015/2016 cosiguieron el segundo puesto internacional...". Ni siquiera han puesto nuestros nombres.





Con todas las pegas que se le puede poner a la Universidad de Córdoba, jamás podría imaginar que en la UCO podría pasar por una humillación similar. Y la actitud de algunos profesores, acorde totalmente al ritmo de los acontecimientos. Nunca me había llamado una profesora a su despacho para explicarle un trabajo, porque pensaba que estaba demasiado bien hecho. Como si fuésemos retrasados o algo parecido. O esperar a que los alumnos saliésemos para quedarse hablando con los alumnos de doctorado, criticando lo vagos y quejicas que éramos los estudiantes del máster. Otras “anécdotas” están relacionadas con otras personas, y algunas de estas cosas están ahora pasando por un juicio.

En conclusión, no puedo dar consejo mejor que el de no estudiar el Máster de Ingeniería Matemática, en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid. Y si se puede evitar toda la Facultad, donde están esos individuos, mejor todavía.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Owen Jones de paseo por aquí (por elecciones)

 Procuro no hablar, en exceso, de política en mi blog. Si lo hago, procuro llegar desde un tono muy sobrio, ecuánime, que mis ideas no enturbien mis pensamientos. Pero eso no quita que muestre que he quedado medianamente satisfecho con las pasadas elecciones. Las circunscripciones provinciales han hecho daño, el sistema D'Hont (que no es una ley) también, pero pese a todo, anticipo una gran legislatura.

 Me acabo de encontrar este vídeo por internet subido Owen Jones, importante escritor que ha destacado la eliminación de la conciencia social de la clase trabajadora y que fue entrevistado por Salvados (programa entero aquí) hace poco. Owen Jones ha acompañado a Podemos en la recta final de la campaña, y nos muestra en este vídeo los entresijos de lo que él piensa que será una gran revolución democrática.

 Lo pongo, simplemente, porque me gusta saber la opinión de un extranjero cuando visita nuestro país. Me fascinó lo que comentó George Orwell cuando estuvo aquí y agradezco a Owen que se tomase el tiempo para hacer este vídeo.





Actualización 26/12/2015

 Me gustaría haber comentado nada más publicarlo una cosa que dice Owen, que me parece bastante interesante, pero al final me he liado con las comidas de Navidad y demás. El apunte que hace sobre Ciudadanos. Y es que, pese a que es comparado (incluido el propio Owen) con partidos europeos y de centro, Cs tiene elementos discutibles desde el punto de vista liberal. Como apunte personal, la verdad es que me gustaría ver un partido puramente liberal (en lo social también, no solo en lo económico), capaz de hacer discurso como el de Guy Verhofstadt a Tsipras en la Eurocámara.

 Por otra parte, ha hilado fino el episodio del Polonia de estas elecciones. Me ha gustado la presentación de los candidatos que ha hecho, imitando a Watchmen con la canción "Los tiempos están cambiando" de Bob Dylan. Aunque podría haber sido más duro con Podemos. Recomiendo ver sólo las 4 primeras escenas, porque las siguientes son de políticos catalanes (el programa de Polonia se emite en TV3), y si no estás muy al día en política catalana, es difícil de pillar el chiste.


sábado, 5 de diciembre de 2015

La necesidad de votar



Quedan ya pocos días para las elecciones. Pero, quedasen pocos días o años, no es esta una reflexión banal ni pasajera. No es un tema que se oxide con el paso del tiempo, aunque desearía que así fuese. No es vergonzoso hablar de democracia, pero sí lo es llegar a tales extremos como en los que nos encontramos.

Cada nuevas elecciones, la abstención no hace más que aumentar y aumentar. En estas últimas, que han sido municipales y autonómicas (en el caso de Andalucía), 35.09% y 36.06%  respectivamente.

Los datos están bien, pero de nada sirve si no entendemos qué está ocurriendo de fondo. Y lo que ocurre es que cada vez la gente participa menos “en el sistema”. Por sistema, me estoy refiriendo a los parlamentos, a los gobierno, al Estado. A las instituciones que hoy gobiernan nuestras vidas, y que deciden qué se puede hacer y qué no, qué hay que fomentar y en qué hay que invertir. El Estado es, cada vez, menos un ámbito social y más un ámbito puramente inamovible. Está ahí, y parece que no se mueve.

Y eso no puede ser. No puede ser que soportemos, y no participemos, en la sociedad. No puede ser que las cosas “sean así”, que nuestra opinión no cuente, porque solo somos un individuo. Porque pensamos que solo somos nosotros quienes piensan “esto no debería ser así”.

Para eso, hay que lanzarse al vacío. Hay que atreverse a fallar, a cambiar de opinión, a estar de acuerdo con quien pensaste que nunca compartirías nada. Salir de donde estamos no es imposible, pero es costoso. Pero si queremos seguir viviendo en sociedad, en nuestra sociedad, es un coste que debemos asumir.

sábado, 14 de noviembre de 2015

1er mes en Madrid

Esta entrada estaba programada antes de los atentados de París, así que comento brevemente: no sé qué pretenden. Joder, por supuesto. Infundir miedo. Pero Francia tiene infraestucturas, Estado, gente organizada y ejército. Parece que estuvieran forzando a la opinión pública a participar en la guerra contra el Daesh (por qué es preferible llamarle Daesh a ISIS). Porque el miedo es pasajero pero el dolor perdura.

Como ya dejé caer por aquí y por otras redes sociales, este mismo año conseguí graduarme del Grado de Física por la Universidad de Córdoba. Universidad que, por otra parte, le tengo mucho aprecio. Mi paso por la universidad ha sido arduo y satisfactorio, tanto por los profesores que me han ayudado a estar donde estoy como a las relaciones que he forjado durante la carrera. Pese a lo que pueda haber sentido en época de exámenes estos últimos cuatro años, creo que “satisfacción” es la emoción que más define lo que pienso cuando recuerdo la UCO. Aunque también desazón. Conozco bien Córdoba, y ahora, ¿qué? A otra ciudad, otra gente.

Terraza de la 8ª planta de la cadena SER, en Gran Vía

El 13 de Octubre me vine a Madrid, para prepararme para empezar el Máster de Ingeniería Matemática de la Universidad Complutense, ¡y no he parado casi ningún día! El 19 empecé el máster, pero antes, fui a una conferencia de CTXT con Jordi Évole, Jose Luis Cuerda, y muchos más; visité Alcalá de Henares, el edificio de la SER en Gran Vía, el programa de El Palomar de Dani Mateo, monólogos de Toni Nievas… incluso me recibió Florentino en su casa. Muchas cosas que contar, algunas horas para hablar, pero muy buena impresión. Espero que el máster me deje tiempo para más conversaciones así.

Un poco de escalada, aunque espero más

Y luego empezó el máster. Y el “desinfle”, o hype. Pongo en contexto que no soy el único UCOfísico de mi promoción al que le ha ocurrido algo así.  Incluso he recibido bien el embate de la realidad, porque otros han abandonado el máster que estaban haciendo en otra ciudad y han vuelto a Córdoba. Una cosa es lo que has estudiado en la carrera, con los profesores de los que ya conoces su manera de explicar y evaluar, y otra muy distinta es lo que hagas después con esa carrera. Y aquí surge el conflicto. En el máster de Ingeniería Matemática de la Complutense, poco o nada de Física se ve, cosa que ya sabía. Pero tampoco se explica igual, cosa que, inconscientemente, sí que esperaba.

Ayer, en el Festival de Series 2015 que organiza Movistar+

Aun así, y pese al frío, voy conociendo a la gente de aquí, aunque me siento como fuera de lugar, que no termino de conectar. Ni se me había acercado esa sensación en Utrecht, cuando estuve con gente de lugares más lejanos todavía. Será quizás el hecho de saber que, con esta gente de Madrid, voy a compartir un año, o más, lo que me hace estar un poco incómodo.

sábado, 17 de octubre de 2015

¿Sería pragmático condenar a Zapata?



 La pasada semana, el juez Pedraz archivó la causa contra Guillermo Zapata por los tweets ofensivos. Básicamente, y resumiendo mucho el caso, Guillermo Zapata, periodista y escritor, abrió un debate en su cuenta de Twitter a raíz de los tweets que el director de cine Nacho Vigalondo lanzó en la red social, de humor negro, que le valió que el País dejara de llevarle la campaña publicitaria de su última película. Ya escribí en su momento acerca de esto en el periódico de mi instituto.


 La cuestión por la que traigo aquí la noticia es la siguiente: creo que no habría sido posible condenar a Zapata, desde un punto de vista pragmático. Independientemente de la libertad (o no de expresión).


 Supongamos que el humor negro que contienen esos tweets es tan ofensivo, que son punitivos. Bien, pero muchos de esos tweets son, de hecho, copias de los chistes que hizo Vigalondo en Twitter. Con lo cual, él también debería ser imputado, y condenado.


 Es más, quienes retwittearon esos tweets, pueden haberlo hecho precisamente porque les parecería gracioso. ¿Qué diferencia punitiva habría entre quien publica el tweet y quien, viéndolo gracioso, lo retwittear? No me parecería lógico que hubiese mucha diferencia; en esta red social, retwittear normalmente significa que estás de acuerdo con el tweet que compartes.


 Ahora bien, no sólo el humor negro existe en las redes sociales. Esta es sólo una ventan por la que aflora, pero esos chistes se cuentan en la calle (créanme, yo conozco bastantes, más de los que querría). La gente los cuenta, y se ríe. Habría que buscar en la calle, grabar conversaciones, analizar y presentarlas como prueba.


 Lo que quiero decir es, independientemente de si pueda parecer orwelliano o no, que no es tema de debate, ¿realmente sería práctico crear cuerpos policiales que se dediquen a estas labores? ¿A cuántos policías habría que contratar para que pudiese llevarse a cabo la búsqueda y captura de autores de humor negro? ¿Cuántas otras actividades policiales deberían dejarse aparcadas para destinar policías a plantar micrófonos y cámaras en las calles?




Más allá del puro debate moral, la condena sería impracticable.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Sacar tajada (económica) de la independencia

 Mucho se está hablando ahora de las elecciones catalanas, o el referéndum plebiscitario acerca de la independencia, como Junts pel Sí llama a estas elecciones. Y yo me pregunto, ¿tan mal nos iría la independencia (al resto de los españoles)? Opino que, (económicamente) bien llevado, el Estado español podría obtener grandes beneficios.


 Por supuesto, motivos sentimentales, políticos y humanitarios aparte, solo centrándonos en lo económico, creo que podría ser muy rentable si quien estuviese gobernando (el resto de) España en ese momento fuese capaz de mirar como ahora plantearé.


 No quiero atiborrar a datos, pero parece sensato establecer que Cataluña es una de las regiones españolas más densamente poblada de industrias. Entre otras cosas, por un tejido industrial rico (si hay industrias cerca puedes vender tus productos reduciendo costes de transporte) y por tener puerto marítimo que, aunque no lo parezca, hace mucho tanto a la pesca como a distintos sectores económicos.


 Ahora bien, supongamos que se realiza un referéndum, con todas las de la ley. Como el que hubo sobre la independencia Escocesa. El presidente del Gobierno hace campaña por el no a la independencia, el president de la Generalitat lo mismo, los distintos partidos se alinean, conferencias, debates entre sí… Vamos, debatir, la esencia de la democracia. Llega el día del referéndum y sale que Cataluña se independiza. ¿Pasos a seguir?


 Como no sería un proceso inmediato tras el conocimiento del resultado (aunque sea vinculante, tardaría unas semanas o meses en hacerse completamente efectivo), el primer paso sería que el gobierno prometiese beneficios fiscales a las empresas, actualmente en sede catalana, que quisieran trasladarse a otra parte de España. Eso, y teniendo en cuenta que las normativas europeas sólo se aplican bajo suelo europeo (aunque existan ciudadanos europeos en Cataluña, si se constituye como país, tendrá que pasar un tiempo hasta que forme partede la UE) y los jornaleros no recibirían ayudas para el campo, estimo que gran parte del tejido empresarial se movería hacia Aragón y Valencia.


 Si el PP va dejando las instituciones valencianas, y se va limpiando la corrupción de estas, es de suponer que la mayoría de las empresas se trasladarían aquí, porque también tiene costa (y eso implica que tienen puerto también). Porque la corrupción sólo beneficia a las empresas corruptas, no a todas las empresas. Si esto no ocurre, puede ocurrir que muchas empresas se distribuyan por Francia o por el resto de la UE.


 Si esto no funcionase, y el gobierno de Cataluña propusiese una rebaja de impuestos para las empresas catalanas, los precios de los productos serían más bajos que en España, con lo que cabría la posibilidad de plantearse poner aranceles; aunque me temo que esa competencia la lleva la Comisión Europea, y no un país de esta.


 Por supuesto, todas estas medidas se deberían anunciar antes de conocer el voto. Es decir, que el gobierno anuncia que tramitará estas medidas sobre su territorio y en su jurisdicción si finalmente se independiza Cataluña, para que se tenga en cuenta en el referéndum, y no se acuse de competencia desleal. Sobre cada territorio, su gobierno puede imponer sus normas, siempre que no inclumplan leyes de organismos supranacionales como la UE.



 De todas maneras, claro, estoy obviando muchas cosas: que el gobierno de España sea competente, que se de cuenta de esto, que le importe esto más que motivos ideológicos o partidistas, que no entre en conflictos con leyes europeas... Pero, si se hiciese, creo que podría mejorar la situación económica española. O, al menos, dejarla igual que estaba antes.

viernes, 7 de agosto de 2015

La banalidad de las cosas

Estaba hace unas semanas en la calle, con unos amigos, charlando mientras nos tomábamos algo en un bar. Fardaría si dijera que siempre hablamos de temas superimportantes, pero de vez en cuando surgen conversaciones bastante interesantes.


Pues una de las conversaciones era banal, pero me di cuenta que poco a poco ganó importancia. Sentados estábamos tres chicos y una chica, y esta comentó que, cuando sus padres van y piden juntos un tinto y una cerveza, sin especificar quién pedía qué, pues el camarero llegaba sin preguntar y servía el tinto a la mujer y la cerveza al hombre. A esta chica le parecía una actitud muy machista.


Y claro, ya se empezó a liar la cosa. Que si prejuicios, que si el camarero podía tener prisa y no se había parado a comprobarlo, que si mayoría, que si sesgo cognitivo, etcétera, etcétera, etcétera. Pero lo más importante es lo siguiente: la discusión se centró sólo en ese caso, y duró más de media hora. ¡Qué digo! Se me hizo como una hora entera. Creo que fue una hora entera. Y la cuestión, ¿era importante?


No, o al menos, no con la efusividad que se estaba discutiendo. Me llamó la atención que discutíamos de manera muy acalorada, al nivel que podríamos estar discutiendo que un alcalde del PP llame a una política del PSOE “puta barata podemita”, sin ánimo de ofender, por supuesto. Y he aquí el quid de la cuestión: ¿están las dos cosas al mismo nivel?


Obviamente no, pero dedicarle el mismo tiempo a las dos cosas, y defenderlas con la misma efusividad, banaliza el problema. Lo hace mundano, cotidiano. Rebaja la importancia de un insulto machista de una autoridad política a un simple cambio de bebidas en un bar.


La banalización de las cosas es algo transversal a los problemas de actualidad. Si empezamos a tratar cosas de importancia distinta al mismo nivel, con el mismo tiempo y la misma actividad y efusividad, estamos igualando la importancia de las dos cosas. Y puede que no la tengan.


Por ejemplo, un adolescente saca el móvil en mitad del almuerzo con su familia, y como no lo guarda aunque sus padres se lo piden, los padres le castigan. Cuando ese adolescente llega a casa con las notas del curso, y sus padres se dan cuenta de que ha suspendido más de 5 asignaturas, ¿habría que aplicarle el mismo castigo? ¿Tienen las dos cosas la misma importancia?

En la Era de la Información en la que vivimos, hay que administrar el tiempo y los recursos porque, aunque aparentan ser abundantes, siempre estamos limitados. Podemos considerar importante la colocación de los vasos, o las conductas en la mesa, pero hay que ir primero a lo prioritario. Normalmente, lo demás vendrá de carambola.

viernes, 3 de julio de 2015

Cyberpunk, o lo que nosotros queramos

Esta es una disertación que realicé para el curso online de Filosoqué, que impartía Manuel Bermúdez, director del Aula de Debate de la Universidad de Córdoba. La dejo aquí porque, pese a breve, me parece interesante.

Ciberpunk. Es un movimiento artístico, y en origen literario, que muestra un mundo sombrío, en el que la tecnología importa más que la vida. Todo queda dominado por grandes corporaciones con la última tecnología en cibernética pero sin soluciones a los problemas humanitarios que asolan la sociedad. ¿Les suena? Robocop, Blade Runner y la reciente Elysium son un ejemplo de ello.

Esto es lo que se conoce como una distopía, del griego “dis”, malo, y “topos”, lugar. La ciencia ficción, que se caracteriza por exponer de manera más o menos razonada el impacto que tendrán distintas invenciones y descubrimientos en la sociedad del futuro, no siempre trata el futuro como algo deseable.

Es curioso destacar que, los libros, películas, videojuegos y novelas gráficas ambientados en este subgénero de la ciencia ficción muestran casi siempre unos personajes nihilistas, que han abandonado sus impulsos por vivir y solo intentan sobrevivir en la maraña de anarquía, pobreza y corrupción en el que viven.

Lo que quiero nos quiere decir es que, quien configura el futuro, no es la tecnología, sino la actitud de las personas ante ellas mismas. El uso que queramos darle a la tecnología es la pieza clave ahora que marcará el futuro durante el próximo medio siglo. ¿Para qué usamos una red social? ¿Para distraernos con vídeos de gatitos, o para enterarnos de las últimas noticias, y aprender sobre las opiniones que otras personas puedan tener sobre temas de actualidad? ¿Empleamos el teléfono inteligente o smartphone para conocer la hora a la que pasará el próximo autobús, y así prepararnos con tiempo? ¿Para aprender sobre las estrellas podemos ver de noche, y ubicarlas en el cielo gracias a geolocalización y brújula integrados? ¿O solo para chatear cuando deberíamos estar estudiando o trabajando?

La singularidad puede ser el futuro de la humanidad, puede ayudarnos a ser mejores. Acertar donde nosotros fallamos. Informarnos donde antes había olvido. Interconexión donde antes había cartas que llegaban semanas en llegar. Pero la tecnología no estará de nuestra parte si no sabemos controlarla. Más importante, controlarnos a nosotros mismos, no tenernos miedo. Para saber mandar, primero hay que saber obedecer.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Viene un Dios, ¿qué me pongo?

En varias entradas cruzadas entre Florentino (II y III) y yo mismo (I) hemos rozado, tratado y explicado cuál es nuestra posición acerca de los dogmas y las religiones.


Resumiendo brevemente lo escrito, yo empecé, quizás sin mucho atino por mi parte, criticando los dogmatismos. ¿Son los dogmatismos necesariamente malos? Tiende mi opinión a la afirmación, puesto que considero que, en mayor o menor medida, la duda es necesaria (casi tanto como mantener la cordura y certeza en cuanto a otras cuestiones menos dudosas).


Ahora, tema clave, ¿son las religiones dogmáticas? Creo que es el momento de replantearse ciertas cosas. Voy a distinguir entre iglesia (como institución, sea del credo que sea) y religión. Lo que mi compañero Gonzalo critica no es tanto una fe religiosa (formada por creencias) como una fe institucional. Porque los seres humanos fallamos, y es de inútiles no reconocerlos.


¿Puede ser una iglesia dogmática? Sí, se da siempre que no se establezca parresía (derecho de hablar libremente sobre algo) acerca de las creencias de cada religión. ¿Pero es una religión dogmática? No lo creo así. No puedo negar (y menos después de haber leído y disfrutado a Nietzsche) que las personas actuamos más allá de la razón, y nada de negativo tiene eso. Todo lo contrario: creer y aventurarnos más allá de la certeza es imprescindible. Incluso la ciencia avanza saltando al vacío. La religión es algo personal, y sólo uno mismo tiene que justificar ante sí sus propias creencias, mientras que en temas eclesiásticos, se tiene que poner de acuerdo mucha gente, y el tema cambia.


Cada persona tiene sus creencias, y podemos más o menos criticables, pero no negociables. No sólo sería inmoral convencer a alguien (que no quiere hablar del tema, o no quiere ser convencido) de que su Dios, bueno, pues a lo mejor no hace todo lo que puede, no se comporta como debería o directamente no existe. ¿Es creer que no existe, una creencia? Bueno, no lo podría negar con una respuesta rápida y sencilla, pero no es el tema que me interesa.

La duda que me surge es: bueno, si hasta ahora no se ha presentado públicamente ningún Dios, ni me ha buscado a mí, ni yo a él, ¿tiene sentido que me plantee cosas acerca de él? Por eso, ahora mismo, me considero apateísta (“apatía o indiferencia hacia los dioses”): me aparto de esa pregunta, hasta que se den las circunstancias para responderla. Cuando venga un Dios, ya veré qué me pongo.

P.D.: tengo pensada una entrada sobre Dioses y (Ciencia) Ficción, que espero que os guste ;)

martes, 3 de marzo de 2015

La cultura del mínimo esfuerzo (II)

A modo de apunte sobre el post anterior, quería dejar este vídeo que he visto hace poco aquí. Tiene ya un tiempo, pero el contexto no parece haber cambiado:


viernes, 13 de febrero de 2015

La cultura del mínimo esfuerzo

No hay ninguna respuesta a eso, porque nunca te has parado a pensarla. Solo copias y pegas, como una máquina. Copiar, pegar, memorizar. Memorizar, porque no entiendes el funcionamiento de las cosas; nunca lo has querido entender, y tampoco lo vas a hacer ahora, porque no se te exige. Eres parte de la Cultura del Mínimo Esfuerzo: trabajar lo mínimo para un aprobado pelado, no ser original, no pensar. Todo eso se puede aprovechar en jugar o en reír.

No investigar, no aprender por tu cuenta. ¿Por qué hacemos lo que hacemos, y no otra cosa, de otro modo? Ni idea. Ni te interesa. Pero llegará un momento en el que no podamos depender de otra persona. En el que será el problema contra nosotros. Y no será cosa de vomitar lo memorizado sobre un examen.

viernes, 16 de enero de 2015

¡Que nos dan (o no) las uvas!

La pasada nochevieja, algunos andaluces afortunados (como yo) escogimos una cadena nacional (o local) para ver las doce Campanadas: TVE, Tele5, La sexta… Otros, sin embargo, escogieron Canal Sur.

El resultado es ya de sobra conocido. Durante las doce campanadas emitieron dos anuncios, pudiendo ver apenas 5 campanadas pudieron ver los andaluces que escogieron la cadena autonómica.




El resultado, una investigación en curso, una dimisión y unas disculpas.  ¿Es mucho este lío? Alguna gente piensa que sí, que solo son unas uvas. Pero echemos un vistazo más a fondo.

Los dos anuncios, el de Catunambú y el de Jerez, han sido, sin lugar a dudas, los más vistos en lo que llevamos de 2015. Sólo hay que mirar las visitas que tiene el vídeo de las Campanadas. Podríamos pensar que no se podía esperar que tuviese tanto éxito… ¿O sí? En un país donde se utilizan ONGs para desviar dinero público al bolsillo, ¿de verdad sería sorprendente un fajo de billetes en la mesa del responsable de la programación de las Campanadas de Canal Sur?

Yo, que soy bastante ingenuo, creo que ha sido un error. Grave, pero un error, por lo que una dimisión y una disculpa, me vale. Pero creo acertado no infravalorar nunca errores graves en un país como este.

lunes, 10 de noviembre de 2014

III Torneo de Debate Académico "Séneca": Muchas gracias

Del jueves 6 al sábado 7 de este Noviembre tuve la suerte de volver a participar por segunda vez en el Torneo de Debate “Séneca”, que se lleva realizando en Córdoba desde hace 3 años. No me gustaría dejar pasar la oportunidad para apuntar que el mundo del debate es apasionante verlo y participar en ello.

Brevemente, diré que se nos formula una pregunta controvertida, que puede tener como respuesta “sí” o “no”, con aproximadamente 2 semanas de antelación. En este caso fue “¿Fue el pueblo alemán culpable en el genocidio judío?”. Durante ese tiempo, tenemos que informanos del tema, buscar datos, evidencias… y prepararnos para defender tanto la postura “a favor/sí” como “en contra/no”, puesto que segundos antes de empezar cada debate se sortea dicha postura.

Hay que estudiar muy bien el tema por equipos, como si fuese un examen. Y se aprende mejor que un examen, puesto que no es rellenar una hoja, vomitar datos sobre un papel, e irte a tu casa. Es saber convencer a unos jueces, saber responder preguntas que el equipo contrario hace sobre la marcha, dominar los gestos y las palabras, perder el miedo en escena y apuntar todo lo que se diga en el debate frenéticamente para poder resumirlo en 3 minutos.

En definitiva, es un juego de estrategia, donde la mente tiene que estar ágil pero tranquila. Ayuda enormemente a la hora de enfrentarse a un público. Y el conocimiento con el que sales después de un torneo se queda bien grabado.

No querría terminar este breve post sin agradecer enormemente al Aula de Debate de la Universidad de Córdoba por organizar el evento e invitarnos a participar, así como a mis compañeros de equipo, Javier Zurera, David Serrano y Gema Serrano. Chapeau por todos ellos.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Equivócate

Los pensamientos aquí presentados sólo son fugaces, y no deberían tomarse más allá de una simple conjetura.

Decisiones. Decisiones para todo; de eso se trata la vida. Ir a un sitio u otro, estudiar una carrera o trabajar, pedir una cerveza, tinto o un refresco. La duda viene cuando tomamos la decisión, y vemos que no nos gusta la decisión. ¿Era la decisión correcta?

No es fácil la respuesta antes de saber las consecuencias, porque como seres humanos que somos, siempre tenemos que contar con que disponemos de insuficientes datos como para saber con certeza qué pasará a continuación. Por eso, únicamente podemos extrapolar con los pocos datos que sabemos, o dejarnos guiar por muy pocos datos y la intuición.

La cuestión es, si disponemos de pocos datos, ¿nuestras decisiones pueden ser equivocadas? Es decir, que al cabo de un tiempo pueden resultar poco beneficiosas para nosotras pero, personalmente, creo que alguien no puede “equivocarse” si actúa de buena fe.

lunes, 5 de noviembre de 2012

De las instituciones a la democracia (III)


Esta es la penúltima entrada de las cuatro que tengo pensado publicar sobre este tema. Agradezco cualquier comentario constructivo (aquí la anterior). Lean y comenten.

ARGUMENTOS CONTRA LA TEORÍA

Primero habría que pensar en hacer frente al poder desde el propio poder: recurriendo el poder Judicial. Los jueces, ley en mano, deben hacer cumplir esta, y regular si alguien se ha extraviado. Pero los tecnócratas ya habrían pensado esto.

Si miramos los presupuestos, año tras año, el presupuesto para el ministerio de Justicia se va reduciendo. Y esto, ciudadanos, se traduce en menos medios para operar, tanto material como humanamente, luego la justicia funciona cada vez peor y se retrasa más. Eso, sin contar con las tasas judiciales que se implementaron esta legislatura.


También pueden argumentar los ciudadanos informados que también podemos “interferir” directamente en la creación de leyes, mediante las Iniciativas Legislativas Populares, o ILPs. En resumidas cuentas, se trata de un proyecto de ley que un grupo de ciudadanos puede presentar en el congreso, reuniendo más de 500.000 firmas. Sin embargo, como podemosleer en Wikipedia, las restricciones sobre qué se puede modificar son altas, y 8 de los 9 casos que se han presentado ILPs desde 1978 se han rechazado de pleno, y en una de ellas se modificó el texto. Es decir, que por esta vía no se puede conseguir algo efectivo.

Por último, los ciudadanos, hartos de agotar vías burocráticas, se echan a la calle. ¿Y? Bueno, que paran el tráfico, paralizan el comercio y las actividades económicas. Ese día, el gobierno recauda menos. Por supuesto, es una medida de presión como cualquier otra, pero se necesita una manifestación masiva para poder afectar el gobierno; y tenemos al gobierno más testarudo y cabezota de los últimos 9 años. Es, como digo, una medida de presión; pero el consejo de los 27 de la UE lo hace más y mejor. No me malinterpreten, yo voy a casi todas las manifestaciones que puedo, pero probablemente esa vía no tenga mucha salida más que la reivindicación, porque la ciudadanía no se puede permitir un mes de paro seguido, cosa que sí afectaría duramente al gobierno.

Luego, está el hecho de que el Estado no solo recauda dinero a través de las actividad económica dentro de sus fronteras. Las exportaciones y la actividad de multinacionales con sede española, como Telefónica, también influyen en las arcas del estado. Y si aun así no es suficiente, el Estado puede pedir, como suele hacer, dinero prestado a inversores particulares a través de un mercado de valores comúnmente llamado “el Mercado de la Deuda”. Luego, ¿hasta qué punto un paro con servicios mínimos afecta a un país? ¿Presión mediática? Por supuesto, pero permítanme ser ignorantes y preguntar hasta qué punto un gobierno, por ejemplo este, está influenciado por los medios de comunicación contrarios a su “método de actuación”.

jueves, 18 de octubre de 2012

De las instituciones a la democracia (II)

Después de un tiempo de descanso, retomo el post anterior, prosigo explicando por qué vivimos en un régimen, metodológicamente no democrático, contra el cual las verdades reformas no se pueden llevar a cabo. Es un post corto, pero como también estoy apuntado a un taller de narrativa, iré colgando poco a poco relatos que vayamos escribiendo.


ARGUMENTOS A FAVOR DE LA TEORÍA

En un régimen no democrático, los gobernantes no rinden cuentas a nadie. ¿Que utilizas tus influencias para convertirte en banquero, apostar con el máximo riesgo, y perderlo todo? No importa Rodrigo, te daremos parte de los 10.000 millones de euros que recortaremos en Educación y Sanidad.

Y los ciudadanos que se han manifestado en contra, no han podido hacer nada. El primer punto, por tanto, es que los políticos no tienen responsabilidades de ningún tipo: no hay juicios, o si los hay, pocas veces se muestran la justicia que deberían. Es más, si cada año se recorta el presupuesto de Justicia, hay cada vez menos jueces, están más sobrecargados, y enjuician menos. Dos pájaros de un tiro.

Otro punto importante es que, en un modelo como el que he teorizado, nada puede impedir la actuación del gobierno. Efectivamente, el gobierno lo elige el parlamento por mayoría (simple o absoluta), luego solo el propio parlamento se puede oponer a su actuación. Luego si el partido en el poder obtiene dos tercios o más del parlamento, entonces, ¿qué utilidad puede tener este frente al gobierno, sino ser una herramienta más de este?

Por último, otro de los argumentos a favor es la impunidad en la que se cobijan los partidos a la hora de esquematizar su programa electoral: básicamente, pueden poner lo que le salga de la punta de la jerarquía. ¿Por qué? Porque nadie recuerda o no parece recordar. Debido a muchos factores que ni entiendo, ni puedo abarcar, la gente no tenía en mente estas pasadas elecciones que la Ley de suelos de 1998 fue una de las causantes de la crisis tan devastadora de España, independientemente de que nos afectara la crisis mundial (en este vídeo se explica muy bien).




En el siguiente post escribiré los puntos en contra de esta teoría y, por último, una propuesta humilde para un sistema realmente democrático, lo menos ideal y más práctico posible.

viernes, 28 de septiembre de 2012

De las instituciones a la democracia (I)


Este es un pequeño ensayo-artículo de opinión que tenía pensado desde el verano, pero se me ha hecho tan largo que lo he dividido en 3 partes. Espero que la idea se entienda. Acepto críticas tanto de forma como de fondo


Posiblemente, como apuntan los tópicos, la mejor manera de pensar sea relajado, en el campo, y al lado del agua (sea mar o piscina, como era el caso). Estaba leyendo un ensayo, recomendado a su vez por otro libro, llamado Capitalismo, Socialismo y Democracia (pérdida de tiempo, opinión personal), y había algo que no me cuadraba. Siempre que hablaba de la democracia o del socialismo (no así del capitalismo), lo hacía con apego a las instituciones: como si, por contra, no existiese ninguno de estos modelos políticos sin férreos organismos estatales, que aseguran la consolidación de los modelos. Entonces empecé a vislumbrar una especie de teoría sobre la democracia, que intentaré plasmar en las líneas posteriores.

Sé que andan ocupados, pero párense a pensar. ¿Y si les digo que no viven en un régimen democrático? Sí, me acusarán de crítico “revolucionario” o perroflauta en el mejor de los casos. Pero no, escúchenme. ¿Conocen a John Locke y Hobbes? Bien, las teorías sobre el poder político que ambos defienden son, en apariencia, totalmente opuestas. Si recuerdan algo de su etapa por el instituto, el filósofo inglés Locke propone un modelo de división de poderes: el poder ejecutivo (gobierno), el legislativo (parlamento) y el judicial (tribunales), independientes uno del otro. Por contra, Hobbes propone como único modelo social posible al Leviatán: enfundar de poder a una única persona u organismo, totalitario y dictatorial (claro que, en la época de este hombre, estos dos términos no existían; ellos eran más de absolutismo real y demás). Si en el modelo lockiano el poder se puede alternar con el consentimiento de los ciudadanos, en el hobbiano la única manera de hacerle frente es no haciéndoselo; mudándote (huyendo, simple y llana mente) del país.

Pues bien, reflexionando, creo que el modelo de nuestro sistema político es, pese a ser llamado “democrático”, de estilo hobbiano “a cuatro años”. Es decir, que los leviatanes son elegidos por los votantes para ser (como) “dictadores” por una legislatura. Sin ataduras. Por supuesto, la gente sensata me dirá que, bueno, quizás esto que están leyendo es fruto de la legislatura del gobierno del PP. Pero, como les explicaré, esto poco tiene que ver con el signo del gobierno, si el modus operandis es el mismo.

¿Cómo se “desdemocratiza” un sistema? Para convertir una democracia “normal” en una hobbiana es necesario quitarle ese poder de cambio, de organización y estructuración a la población general. A poder ser, también atontarlos, para que no puedan reaccionar muy bien, pero esto ya es optativo. Primero y principal es que, sea todo o no para el pueblo, sea sin este. ¿Cómo? Muy sencillo: el poder (organización, legislación y estructuración) queda transferido a instituciones, a cargo de políticos. Simple y llanamente.

Las consecuencias de esto son inmediatas: si el poder lo ejercen tecnócratas especializados, ya no compete al pueblo decidir acerca de nada. Les hayan engañado o no los políticos que eligen a esos tecnócratas, estos actúan a espaldas de la población y, en general, en contra de ella. Es igual que se denominen de izquierdas, de derechas o de color marrón clarito: en su actuación no piden permiso ni perdón. Si alguien piensa que las elecciones son totalmente justas y dejan clara la legitimidad de un partido político, es que no ha visto o comentado la entrada que hice haceunos meses.


En el siguiente post pondré los argumentos pro y contra esta teoría. Sigan leyendo...

domingo, 13 de mayo de 2012

Democracia y desobediencia

Donde la primera acaba, debe empezar la segunda. Es la propuesta del filósofo australiano y graduado en Derecho Peter Singer, que condensa una serie de argumentos pro y contra la desobediencia en su libro Democracia y Desobediencia.

Cuando fui a Víznar con mi familia, no me esperaba encontrar en el albergue a un grupo de filósofos pro-15M, que me permitieron incluirme en su charla y conversación. Después de estar un rato conversando tras la "conferencia", uno de ellos me recomendó leer a Peter Singer. "Lo encontrarás seguramente en la biblioteca de tu universidad", me dijeron. Y no se equivocaron.

Democracia y Desobediencia es una tesis que escribió en 1971, y publicó en formato de libro dos años más tarde. En ella, exponen distintos modelos de asociaciones en los cuales se plantea un ejemplo práctico, a fin de evaluar mejor sus propuestas y argumentos.

EL EJEMPLO

Al principio del ensayo, propone el siguiente ejemplo: en las universidades británicas, los alumnos se reúnen en una asociación de estudiantes, que toma decisiones que afectan a los alumnos de dicha asociación. Existen tres tipos de asociaciones:

- En la primera, la asociación está dirigida por una única persona, con apoyo de una minoría. Quien tenga alguna discrepancia, puede ir a hablar con él y con sus amigos, ganadores de los últimos torneos de boxeo de la universidad. Este es el modelo dictatorial.

-En la segunda asociación, es el miembro más antiguo de la universidad el que toma las decisiones. Sería un modelo de sociedad tribal.

-Y, por último, en la tercera asociación las decisiones se toman en asamblea, en la que participan todos los miembros. Es un ejemplo de una democracia directa.

En los tres asociaciones, se toma la decisión de subscribirse a un periódico con tintes racistas, según un individuo en particular. Tras intentar dar marcha atrás en la decisión por todos los miembros que las leyes de la asociación le dejan (hablando con el líder, o exponiendo el problema en la asamblea y votando), el individuo no consigue nada. Como piensa que el periódico causará problemas que agravará las diferencias entre los miembros de la asociación, se levanta cada mañana más temprano y roba el periódico para que nadie pueda leerlo. La pregunta es, ¿está justificada su acción de desobediencia? Y, si es así, ¿Cómo de justificada está?

LOS ARGUMENTOS


En el libro, Peter Singer realiza una interesante división de los argumentos pro y contra la desobediencia en sociedades democráticas, para finalmente trasladarlos a una sociedad democrática occidental, que como es describe, se parece más a "una dictadura controlada por muchas minorías" que a una democracia real (directa).

En contra de la desobediencia, el australiano esgrime que la participación en una elección de una decisión dada se implica un compromiso justo. De la participación en una decisión se obtiene la obligación de cumplimentarla.

Por poner un ejemplo personal: en mi carrera, hace unas semanas estábamos decidiendo qué frase pondríamos en la camiseta que llevaríamos todos a la feria el día que quedemos. Tras la recogida de propuestas y votos, la frase ganadora era una frase relativamente obscena (frase que yo no voté, pero que acepté ya que había votado). Entonces, un grupo de alumnos, unilateralmente, decidió que no se iba a gastar 7 euros en una camiseta que no les gustaba. ¿Está justificado? Si miramos con cautela, no. Si hubiera salido la frase que ellos querían, los demás lo habríamos aceptado. De aquí el autor demuestra que la ruptura de un compromiso justo (como es la votación) conlleva el engaño de una minoría y el intento de coacción de esta a los demás. La elección correcta, habría dicho el autor, sería no elegir por ninguna camiseta, manteniéndose al margen de las votaciones (como de hecho hicieron algunos compañeros).

A favor, los argumentos pueden ser complicados de entender, pero el autor propone ejemplos documentados y situaciones que el lector puede tomar como modelos para entender mejor. Una de las situaciones justificadas sucede cuando una mayoría toma decisiones en contra de una minoría. "¿Y, si se toman democrácticamente, porque no debería hacerse?", podría preguntarse el lector. Peter Singer lo resuelve argumentando que, para que una democracia funcione, deben repartirse una serie de derechos entre los participantes, a fin de que las decisiones que se tomen en asamblea no puedan ir contra estos derechos. Estos derechos, generalmente, se recogen en una carta magna o, en el caso de las democracias occidentales, en una constitución.

Otro razonamiento del autor que justifique la desobediencia es una ruptura del compromiso justo. En una democracia occidental, por ejemplo, si un partido se presenta con un programa electoral, y cuando llega al poder, lo cambia radicalmente sin motivo justificado, se podría considerar que ha roto el ideal de compromiso justo en el que se basaba las elecciones, puesto que, por así decirlo, "no ha cumplido su parte del trato".


TIPOS DE DESOBEDIENCIA

Hacia el final del libro, el autor engloba los tipos de desobediencia que, a su juicio, están justificados:

-Desobediencia con fines publicitarios: para exponer este tipo, el autor expone la situación del conocimiento de la Guerra de Vietnam en los años sesenta en Estados Unidos. Como ninguno de los dos grandes partidos que gobiernan (han gobernado y gobernarán) planteaba propuestas en contra de la guerra (en todo caso, una guerra más "suave"), estaría justificado negarse públicamente a participar en al guerra, si se da el caso de que a uno lo llamen para "servir a su país" matando en una tierra extranjera. Otro ejemplo que el autor expone es el del también filósofo Bertrand Russell, y su conocido manifiesto contra la proliferación de armas nucleares.

-Desobediencia por la "reconsideración de la mayoría": tal y como expresa Singer, es posible que una decisión se tome por una mayoría apática a la que el tema que se está tratando no le afecta, y pueda tomar decisiones en contra de una minoría, a la cual sí que le importa dicho tema. Como ejemplo, el autor expone que la desobediencia no está dirigida a coaccionar una mayoría (lo que significaría una rotura del compromiso justo), sino a que reconsidere su decisión. El ejemplo que se propone es el de la situación que denunciaba Martin Luther King.

Una interesante conclusión que el autor destaca es que, si la desobediencia está destinada a cambiar alguna norma de un sistema democrático, el hecho de ejecutar una desobediencia implica aceptar el castigo que esta impone, consiguiendo así mayor publicidad. Un ejemplo más local y reciente de desobediencia es el de la campaña #novullpagar. En ella, los conductores que circulan por las autopistas de Cataluña piensan que el pago de los peajes les parece desproporcionado y estas están más que amortizadas, mantienen.

CONCLUSIÓN

Para mí, Democracia y Desobediencia es un libro lo suficientemente resumido y breve como para que sea un referente a la hora de plantearse qué pasos hay que seguir en ciertas situaciones más o menos democráticas. Por ejemplo, ahora que estoy en la universidad (y que soy el delegado de mi curso), me puede servir para situaciones en las que tengamos que votar por una u otra decisión. Es el caso del ejemplo que he puesto antes con las camisetas. Además, este libro hace referencia a argumentos y razonamientos de muchos otros, y con la multitud de ejemplos prácticos, constituye un importante compendio de lo mínimo que debemos saber sobre la desobediencia en situaciones democráticas
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